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Piruetas y figuras son la esencia de esta disciplina

Volar en telas es la combinación de diversas técnicas de la cultura circense. El trapecio, la cuerda, la danza y el teatro se unen para dar vida al arte desde las alturas. En Venezuela existen algunos espacios públicos y privados para su práctica

Una melodía acaba con el silencio. Se escucha música propia de circo, ésta que crea una nueva atmósfera en el salón. Luces de diversos colores iluminan el rostro del artista y  la tela en color azul desde donde poco a poco éste se desliza. Un maquillaje llamativo le otorga aún más expresividad a su presentación. Sube y baja, y en sus manos y pies enrolla el lienzo. Piruetas y otros movimientos en distintos niveles de complejidad son frecuentes al igual que los aplausos del público asistente. La acrobacia aérea sobre telas es una disciplina artístico-deportiva de origen circense. Hoy salta de la carpa convirtiéndose en una actividad más cercana y accesible.

Un arte milenario

            Hace más de 3000 años los artistas de la antigüedad volaban por el aire, eran contorsionistas, sacaban sonrisas y otros hacían malabares con frutas y pelotas. Desde oriente hasta occidente, la práctica de la acrobacia aérea era común en las civilizaciones de aquellos tiempos. Incluso se remonta mucho antes de cultura mesopotámica, según John Orlans, autor del Atlas del Arte.

            Hasta la fecha el arte en las alturas es uno de los actos más atractivos y arriesgados del circo. Y por ello que, forma parte de los grupos de acrobacia de mayor renombre a nivel mundial. Por más de 58 años, el Grupo Acrobático “Chengdu” de China y el Circo del Sol de Canadá desde 1984 han proyectado este número. Junto a esto, países como Rusia, México y Austria también son referencia del arte desde las alturas.

Artes circenses en Venezuela         

            Con la creación de la Compañía Nacionalde Circo (CNC) en 2009, las artes circenses en Venezuela han tomado fuerza a través del Programa de Desarrollo del Ministerio del Poder Popular para la Cultura. “En Nuevo Circo hay 13 artistas que practican los aéreos en telas, cintas, red, trapecio a vuelo y fijo, y juntos tienen un número de acrobacia llamado “Mimbre”, dice Nicky García, director de la institución. Agrega que las puertas del CNC están abiertas para todo aquel que desee generar su propia identidad artística a través de las distintas disciplinas.

            Y junto a esto, PDVSA La Estanciatambién ha impulsado estas actividades por medio de la Cooperativa de Artistas Circenses de Suramérica y el Caribe (Circosur) desde 2008. Además de estas iniciativas, otros han surgido permitiendo el desarrollo de la acrobacia en nuevos espacios. Universidades, gimnasios y escuelas privadas son muestra de la gran variedad de opciones existentes para su práctica, ésta que poco a poco incrementa.

La gimnasia, la danza y el teatro

            “En Origama Estudio abordamos la acrobacia desde lo artístico y lo estético. Trabajamos la técnica con la danza y el teatro. Soy muy meticulosa en la selección de la música que acompaña cada presentación. También utilizamos diversos ritmos y melodías propias del circo y otras que generen emociones y sensaciones. En la escuela alrededor de 20 personas entre niños y adultos ya la practican”, señala Marilú García, artista circense y especialista en aéreos.

            Cada año de 7 a 9 jóvenes se inscriben en el taller de aéreos en telas que dicta Alejandro Miguez en la Universidad Católica Andrés Bello. Tengo formalmente tres años dirigiendo esta actividad. Nos enfocamos en lo dancístico o en la estética de los movimientos y luego realizamos coreografías. La acrobacia aérea es la unión del arte, ya que tiene un poco de danza, teatro y música”, explica. Intenciones, personajes y situaciones también son algunas de las diversas formas que este instructor aplica. Y para acondicionar el cuerpo emplea algunas técnicas como yoga, pilates y estiramiento con ligas. “Sin duda, esta disciplina se ha puesto muy de moda”, señala.

            “Los aéreos tienen su origen en… Bueno, resulta que un día una pana se guindó de la cortina de su casa y le salió mal la vaina”, señala Jorge Parra, conocido como Domingo Mondongo, artistas circense y director de las obra Improvisto Sexual y Turumpa “Siento que actualmente hay una movida fashion con relación a la práctica de acrobacia aérea sobre telas pero digo es bárbaro, pues mientras haya más cantidad podemos hacer más artistas de calidad”, indica.

La movida de estar en las alturas

            Algunas revistas e imágenes lo confirman. Niños, jóvenes y adultos forman parte del “boom” de los aéreos en telas. “Comencé en una institución aquí en Caracas y luego la universidad creó el taller y ahí mismo me inscribí. Practicar acrobacia es una forma de mezclar la fuerza con la sutileza. Creo que se ha convertido en una moda porque es lo más accesible a las diversas actividades circenses”, señala María Angélica Ramírez, estudiante de filosofía dela Universidad Católica Andrés Bello.

            “Tengo cuatro meses en este taller. Me inscribí cuando vi una presentación en el Edificio Cincuentenario y de verdad esto me encantó. La acrobacia en telas es una expresión artística bellísima”, dice Jessica Mejía, estudiante de Comunicación Social dela UCAB.

            Alas de Búho es el nombre de un grupo de acrobacia aérea en telas, cuyos integrantes pertenecen ala Facultad de Ciencias y de Arquitectura dela Universidad Central de Venezuela. “Hasta ahora seis personas formamos parte de este equipo. Yo considero que es una actividad ideal para despejar la mente. Y claro, nos gustaría pertenecer a un circo que es de donde proviene esta disciplina pero como no estamos en uno, practicamos aquí”, indica Sailis Manrique, estudiante de biología.

            “Cuando empecé a practicar acrobacia sólo lo hacía para divertirme pero me he dado cuenta que al realizar posiciones y figuras más artísticas se me mucho mejor. Tenemos pensado hacer una presentación en la facultad para atrapar a más personas que estén interesadas en esto. Desde hace dos años aproximadamente alrededor de 25 personas hacemos acrobacia aérea en la UCV”, explica Alfredo Castilla, también estudiante de biología de esta casa de estudios.

            “Siempre me ha gustado todo lo relacionado con el arte circense y a través de la acrobacia siento que mi espíritu se ejercita”, señala Carla González, quien forma parte de Origama Estudio mientras que Gabriela Rondón de 10 años dice que es una actividad muy divertida.

            “La práctica de la tela ha pegado en el país”, sostiene Parra. Hacer aéreos es un trabajo donde la expresividad a nivel corporal es fundamental al igual que en el rostro, explica la directora de la institución privada. La disciplina ofrece un espectáculo de movimientos que generan sorpresa ante la vista del espectador. Y junto a esto, resulta un ejercicio que combina la destreza física con formas y figuras artísticas. “La acrobacia es fascinación, pasión y vértigo”, resume Nicky García.

Parte de los miembros del grupo “Alas de Búho” (UCV)

No se encuentran tras las rejas pero aún así no pueden vivir tranquilos

Las personas que tienen a un ser querido en prisión son excluidas y condenadas. El rechazo que se genera hacia los reos se extiende a sus familiares. Modifican sus vidas en función de los horarios de visita y se pierden de hacer muchas cosas. Pero la satisfacción de poder ver y hablar con sus allegados termina recompensándolo todo

María F.Sojo

Nanyi espera impaciente el momento en el que la cola se movilice y pueda pasar el portón. Son las once de la mañana y ya ha perdido tres horas desde que inicio el día de visita. Acostumbra llegar siempre temprano precisamente para ser una de las primeras en entrar. Es de Maracay, Estado Aragua, y sale de su casa todos los sábados desde las tres de la mañana para estar en San Juan de los Morros, capital del Estado Guárico a más tardar a las siete.

Ya Carlos*, su esposo, la ha llamado tres veces: “Mami ¿qué pasó?, saliste a las cinco de la mañana y todavía no has llegado”, pregunta preocupado. Nanyi le explica que ocurrió un accidente en la carretera, que hubo una tranca y que por eso no ha podido entrar. Para ella esto es normal, tiene 11 años haciendo el mismo viaje y no es la primera vez que llega tarde. Ahora le toca esperar bajo un incesante Sol y detrás de muchas personas.

Desde lejos parece que Nanyi está en una cola para subir a un autobús en un terminal de pasajeros o para comprar comida en un mercado ambulante. Pero no se trata de ninguna de las dos cosas. La larga fila de personas, apiladas unas tras las otras no es para adquirir bienes y mucho menos para viajar. Las grandes maletas que cargan y las pesadas bolsas de comida que llevan consigo tienen otro destino.

Todas las personas, en su mayoría mujeres, vinieron por el mismo motivo que Nanyi. Todas vienen a visitar a un ser querido. Todas se encuentran a las afueras de la Penitenciaría General de Venezuela.

Cuestión de rutina

Nanyi admite que no ha sido fácil pasar 11 años de su vida viajando para ver a su pareja: “Pero ¿qué voy a hacer? Tengo que seguir luchando con él hasta que salga”. Durante todos estos años se ha repartido la tarea con su suegra. “Su mamá viene los miércoles y es la que se encarga de traerle su mercado yo vengo los sábados y me encargo más que todo de traerle su ropa”, agrega.

Sin embargo, las visitas de Nanyi son un poco más extensas. “Yo entro los sábados y me voy los lunes”, expresa la mujer. Viene con dos grandes maletas y la acompaña el único hijo de la pareja, un niño de siete años de edad que intenta cubrir su cara del Sol con ambas manos.

Para ella la cárcel es un lugar más que conocido. Sabe perfectamente lo que le tocará hacer cuando la cola avance y pase el portón. “Tenemos que hacer otra cola para que nos revisen los bolsos y después para que nos revisen a nosotros”, explica.

Confiesa que jamás se ha sentido abusada durante las requisas. “De aquí no tengo nada que decir. Al menos con la visita todo es normal, ningún rechazo ni ninguna grosería hacia uno”, señala.

Claudia Yánez, otra de las mujeres que espera su turno para visitar a su primo, coincide con Nanyi. Dice que las requisas son respetuosas, a pesar de todo. “Lo que sucede es que a uno le hiere el pudor pues”, reconoce mientras cuenta que le toca entrar a un mismo cuarto con varias mujeres a la vez y desvestirse delante de todas.

Para Humberto Prado, abogado y Director del Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), sucede que con el tiempo ese trato se va volviendo cotidiano. “Inmediatamente cuando tu ingresas se te viola el derecho a la dignidad, porque te hacen desvestir y perder esa intimidad que se tiene. Eso ya te va quitando esa sencillez, esa humanidad que se puede tener, porque a la cuarta vez que entras ya te quitas todo”, indica.

Lo que para Nanyi y para Claudia es normal, para Prado es otra violación a la dignidad que comete el Estado en las cárceles venezolanas. “Es un falta de respeto que termina deteriorando a las propias familias como tal”, sostiene el especialista.

Violación por partida doble

Para Prado una de las peores cargas que lleva el preso es precisamente la falta de respeto que viven sus familiares. “Ser familiar de un interno no es tarea sencilla”, asegura. “Sufren una doble violación y tienen que llevar una carga doble”.

El especialista expresa que el proceso de requisas es tan sólo una de las cosas por las que deben pasar las familias y que la violación a la dignidad se extiende hasta los tribunales, incluso hasta los propios abogados. “Llegas a un tribunal y entonces te encuentras con la Secretaria del penal, con una cara de general o sargento que simplemente te lleva a no preguntar lo que ibas a preguntar”, señala.

Explica que en el caso de los abogados se presentan dos personajes: el público y el privado. El abogado público que tiene mucho trabajo y no puede atender, y el abogado privado que está más preocupado por obtener dinero. En ambos casos, según sostiene Prado, existe una falta de respeto para los reclusos y para sus familiares.

Este defensor de los derechos humanos y especialista en el sistema penitenciario en el país concluye que se trata de una falta de humanidad por parte de los organismos y de una falta de humanidad por parte de los presos. Para él, los reos terminan muchas veces exigiendo más a sus familiares de lo que éstos pueden dar.

En el caso de Nanyi las presentaciones en los tribunales y los abogados son cosas del pasado. Desde que a su esposo le dictaron sentencia, hace más de una década, ha vivido más tranquila. Ahora sólo espera que transcurran los ocho años que le quedan en la cárcel en tranquilidad y pueda salir ileso.

Solidaridad Vs. Exclusión

Lo que también se quedó en el pasado de Nanyi fueron las relaciones con el resto de su familia. Desde el momento en el que su esposo cayó en prisión el contacto con su mamá y sus hermanos terminó. “A raíz de eso no nos tratamos”, señala.

Confiesa que ha sentido rechazo por muchas personas. “Me dicen que estoy perdiendo mi tiempo, que él es un preso, un rechazado de la sociedad”, explica y agrega: “Eso a mi no me importa, a mi me importa es él”.

Para el sociólogo Miguel Ángel Contreras el rechazo no es más que una respuesta natural. “Regularmente las sociedades crean distintos organismos para protegerse o inmunizarse de aquellos individuos o poblaciones que están fuera de la norma”, explica.

“Obviamente, una persona que por distintas razones pudo o no haber delinquido, es sometida a presiones sociales y coacciones sociales que lo estigmatizan, pero no sólo estigmatizan a esa persona sino también a su contexto de producción”, señala el especialista.

Es así como al igual que Nanyi, muchos familiares de reclusos son condenados por su parentesco con el reo. Contreras expone que muchas veces se tiene la idea de que si una persona es delincuente, entonces probablemente su familia también lo será.

Otra de las razones por las que el rechazo se extiende a los familiares es porque se cree que la persona cometió un delito de mayor o menor intensidad y cayó en prisión porque su familia lo educó para eso. La mirada, el rechazo y el rumor, son para Conteras, algunas de las prácticas como funciona la exclusión.

Sin embargo, existe otra reacción social que también surge cuando en una familia alguno de sus miembros está sentenciado o preso: La solidaridad.

Ana, que también se encuentra en la cola, unos metros detrás de Nanyi, afirma que sólo ha recibido palabras de apoyo del resto de la gente. “No somos familia que ha tenido esto siempre, es la primera vez y todo el mundo nos ha apoyado, incluso a él (su hermano)”, señala.

Algo similar le ocurre a la señora Yenny que visita semanalmente a su hijo. Dice que su familia y sus vecinos la han ayudado no sólo dándole palabras de aliento sino también con dinero. “Yo sola no puedo, es un gasto de verdad grande”, concluye.

Para el especialista en Sociología, es necesario que en el país prive la solidaridad y no la exclusión, porque con esta última lo que se logra es reforzar los organismos de desintegración de la sociedad.

Llenos de incertidumbre

            Es la cuarta vez que la señora Omaira Espejo viene a ver a su hijo, preso desde hace cinco meses. Lo visita mensualmente, está con él, almuerzan juntos y hablan, pero llegada las seis de la tarde se despide y sale.

Confiesa que le da miedo quedarse: “Yo pienso que se puede presentar algo y uno está metido allí adentro”.

Expresa que una de las peores cosas de la situación en la que se encuentra su hijo es la incertidumbre que se vive en el penal. “Uno los ve pero no sabe si cuando venga no están. Es tremendo. Uno siempre está esperando una noticia tremenda”, señala.

La señora Omaira bromea al decir que ahora sí le presta atención a las noticias. “Uno está pendiente para ver si sale algo de la cárcel. Antes no, pero ahora sí. Uno se desespera todo”, dice.

Y es precisamente esa incertidumbre y esa angustia la que han estado viviendo los familiares de los presos de la cárcel Rodeo I en los últimos días. A raíz de un enfrentamiento entre reclusos y la Guardia Nacional, ya son 19 los internos muertos según las cifras oficiales.

Desde el momento en el que los familiares se enteraron de lo que estaba sucediendo se apostaron a las afueras del penal. Afirman que no se irán de allí hasta saber cómo están sus seres queridos.

La espera por las listas de fallecidos y los conflictos que no cesan, mantienen a todos los familiares en zozobra.

“Lo peor es que me tengo que ir y dejarlo ahí adentro” reafirma Yosnely Coronado mientras avanza en la cola. No saber que le puede suceder a su hermano el día de mañana es algo que la perturba constantemente.

Compañía que se valora

El Director del OVP, Humberto Prado, aconseja que lo primero que debe hacer el familiar de un recluso es buscar asesoría bien sea en la Defensoría del Pueblo o en organizaciones de Derechos Humanos. Y que en ningún caso se debe negociar un derecho.

Prado asegura que la mejor manera que tienen los familiares de ejercer presión y reclamar es organizándose y teniendo claro lo que piden: “Cuando los familiares van organizados y por un punto en particular logran conseguir lo que quieren”.

Nanyi no pone en duda ni por un minuto que en los ocho años que le quedan a su esposo en la cárcel ella estará allí para acompañarlo. “Él me dice que yo valgo mucho y que debo de quererlo demasiado como para en todo este tiempo no haberme ido y dejarlo sólo”, expresa.

Ana, su compañera en la cola, afirma que su tarea es alentar, apoyar y tratar de que su hermano olvide las cosas por las que está pasando.

“A todo el mundo le da miedo que uno venga porque para nadie es un secreto que las cárceles en Venezuela son un nido de cualquier cosa menos de regeneración”, comenta Claudia a un paso de entrar al penal. “Pero eso es parte de ser familia, estar en las buenas y en las malas”, agrega.

Los veinteañeros buscan oportunidades de empleo, rogando que el dinero alcance

Miles de chicos dan el gran salto hacia la adultez buscando un futuro mejor en la Ciudad Capital cada año, pero la inflación y la falta de un empleo fijo influye gravemente sobre su desempeño profesional y académico. Entre ellos, Carmen y Mikel son ejemplos de constancia y compromiso, pero sobre todo de mucho sacrificio

David Matos

¿Puede llevarse una vida digna cuándo los recursos económicos son tan bajos? Es una pregunta que se hacen los bachilleres emancipados a la hora de vivir solos.  La situación de emprendimiento de una persona  depende no sólo de su cuenta bancaria, sino también de su capacidad para mantener un empleo y cumplir con las responsabilidades que la vida reclama diariamente.

 ¿En dónde voy a vivir? Esa fue la primera pregunta que Mariana Ortiz de veinte años se hizo cuando se le presentó la oportunidad de estudiar en Caracas. “Yo pensé en la residencia. Estás acostumbrado a vivir en un sitio donde lo tienes todo: tu mamá, el transporte, el dinero y de pronto ¿llegas ala Capital?”, dice la chica con una risa burlona hacia sí misma ante el recuerdo de esos días de incertidumbre y necesidad.

María Gabriela Soler es psicóloga dela Organizaciónde Bienestar Estudiantil (OBE) enla Universidad Centralde Venezuela, y señala que una vez abandonado el hogar paterno, los jóvenes se enfrentan a un gran cambio emocional: “Cuando las personas son jóvenes el cambio implica asumir responsabilidades que conducen a la independencia”.

Mariana Soler, Psicóloga de OBE

Mariana afirma que buscar residencia no fue fácil. Después de vivir en tres lugares distintos en los primeros 5 semestres de su carrera, pudo conseguir en un anuncio del periódico la quinta dela SeñoraMigdaliaen los Chaguaramos, donde sólo viven mujeres. “La señora tenía un sistema muy particular de selección: en primer lugar debías ser muy recatadita, y en segundo lugar debías ensañarle tu constancia de trabajo, para asegurarse que pagarías al día”, dice la joven.

Mariana señala que buscó un lugar donde tuviese derecho a usar la cocina, la nevera y el baño. Pues recuerda que en su primera residencia se sentía mal, puesto que la dueña la encerraba en la habitación una vez que llegaba de clases: “La señora no me dejaba salir de la habitación y me bañaba en casa de una amiga. Era horrible”.

Habitación de Mariana Ortiz, Los Chaguaramos

Mariana indica que al llegar a Caracas se encontró frente a una abundante oferta de bienes y servicios. “Cuando vengo a Caracas me olvido de comprar carnes, pollo. Eso lo dejo para cuando vaya a mi casa, en Ciudad Bolívar porque comprar aquí es un privilegio”. En el mercado de Mariana no falta la pasta, la harina y el arroz: “con eso paso una semana”, dice riendo.

 

Mariana Ortiz de veinte años vino de Ciudad Bolívar a estudiar en la UCV

“Me fui al mercado con la intención de comprar un bistec pero no había, así que tendré un déficit de carne esta semana”, afirma la muchacha asegurando sentirse fuertemente presionada a diario por tener que sacar además guías, pagar Internet y no contar con los recursos económicos para hacerlo.

Por otro lado dela Ciudad, el joven Juan DeLisa sale todos los días de la tienda donde trabaja a las 3 de la tarde. Con un cigarrillo en la boca, se sienta en la acera a contar: “350, 400; estos son pá la residencia”. Una vez terminada su ingesta de nicotina, el joven de 21 años, delgado y con unos Jean desgastados cruza la calle, saludando al dueño de la panadería de enfrente. Una  vez dentro del local, Juan pide un pan canilla, una Pepsi de litro y medio, jamón y queso. “¿Cuánto es Portu? ¿43 bolos? ¡Verg… Portu!, descuéntame por ser cliente regular”. “Los Portus no fiamos juventud”, dice el canudo cincuentón mientras le pasa la bolsa con los panes calientitos.

El hecho de perder el apoyo de su familia lo llevó a conseguir un trabajo en Sambil Caracas, pero DeLisa asegura que la quincena apenas le alcanza para cubrir una parte de la cesta básica, quedándose con 100 Bs. diarios.

Leonardo Vera, Profesor de Macroeconomía de la UCV

Entre los tickets del trabajo y pequeñas compras Juan sobrevive diariamente para cubrir sus necesidades básicas como el sueño y su alimentación. De acuerdo con la licenciada Soler, el vivir solos puede dar un falso sentido de libertad: “los chicos comienzan a entender que se vuelven esclavos de sus propias responsabilidades”.

Los jóvenes que trabajan y viven solos, pasan su día a día según las oportunidades que surjan al momento. “Yo gano alrededor de 1400 Bs mensuales, pero casi siempre me paso de la raya al comprar porque a fin de mes no tengo ná. El problema es que si te aumentan, sube todo lo demás”, dice Juan muy convencido.

 

Juan DeLisa que el pan con jamón es literalmente el pan nuestro de cada día

 

En una ocasión el joven recordó no ajustar su presupuesto y quedarse corto por el pasaje, ese día Juan no fue a la panadería, regresó a la residencia con el estómago vacío y un sueldo que no alcanzó para nada.

 

 En una declaración en el mes de mayo, el director del Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (CENDA), Oscar Meza, aseguró que las familias venezolanas necesitan de 5,4 salarios mínimos para poder cubrir la canasta básica que se ubica en 6.572,96 bolívares. El economista Vera afirma que el joven emprendedor debe ahorrar un diez por ciento de su salario para emergencias, puesto que el disponer de recursos limitados y no poder satisfacer todas sus necesidades, obliga al muchacho a ser más racional frente a “las tentaciones” de recreación.

El empleo es necesario si el adulto joven decide emprender su vida en solitario. Pagarse un alquiler, costearse la comida y mantenerse en buen estado de salud es caro en la vida real… “la vida sin padres”, como le dicen.

Hombres buscando trabajo en una agencia de seguros… en cola…

 

Mikel tiene 23 años y se mudó a Caracas hace tres años. Actualmente vive en un departamento con Carmen, su pareja. Como estudiante de Ingeniería enla UCV, este barinense retomó sus estudios después de 1 año en que le tocó trabajar por la necesidad de pagar el alquiler de su departamento en El Valle.

 

Después de cursar el quinto semestre, Mikel debió mudarse de la residencia donde vivía enla AvenidaLaSalle. La razón: tenía como novia a su vecina de la misma residencia y el dueño les exigió que se fueran, lo cual significó más gastos y menos consumo, situación que los llevó a buscar empleo.

 

Por su parte, Mikel consiguió en Petare una pasantía a medio tiempo en una refinería de metales, donde sólo recibía 450 Bs. El dinero no alcanzaba, y Carmen obtuvo un empleo como suplente en un pre-escolar cercano a la residencia.

 

Indi Pacheco, Trabajadora Social de OBE apunta que el joven universitario debe asegurarse en buscar un trabajo donde sus empleadores entiendan y acepten su condición de estudiante, en cuanto al cumplimiento de sus obligaciones académicas, y que por lo tanto no se le puede exigir el tiempo completo.

Indi Pacheco, trabajadora social OBE

 

 

 

 “Una vez perdí una materia por no tener el tiempo de hacer un informe y lo único que hice fue ponerme a llorar cuando llegué a la casa. Aunque tenía todas las ganas de hacer las cosas bien, no podía hacerlo porque debía mantener el lugar donde vivía”, expresa Mikel un poco afligido.  

 

La licenciada Pacheco señala a la incongruencia entre horarios académicos y laborales como la principal causa de deserción escolar que tiene un universitario cuando decide independizarse económicamente: “la única forma en que el trabajo resulte provechoso para el bachiller es que su rol laboral esté acorde con su formación académica”.

 

Por su parte, Carmen de 25 años es una chica que viene del Estado Nueva Esparta y tuvo dificultad para acostumbrarse a vivir en pareja. Entre los quehaceres del hogar, el trabajo y los estudios; la chica estaba descuidando aquello por lo que se vino de la isla: sus estudios. “Yo pensé que al venir a estudiar para acá me brindaría la oportunidad de mandar dinero a mi casa, pero me equivoqué”. El sueldo de Carmen apenas sobrepasa el de Mikel, setecientos bolívares cuando le toca hacer una suplencia mensual, y cuando no hay, debe ingeniárselas para ahorrar. 

 

Una investigación enla Universidaddela Plata, en Argentina, reveló que el 60%  de los estudiantes universitarios se dedican únicamente a estudiar, mientras que el 20% restante estudia y trabaja, y los últimos veinte estudian y necesitan trabajar. El economista Leonardo Vera, afirma que la realización intelectual, seguida por una mejoría en la calidad de vida y una satisfacción por las necesidades económicas es la principal motivación que tiene un joven, sea universitario o no.

 

Hace varios meses, la pareja se enteró que esperaban un hijo, y aunque la alegría no les permitía preocuparse por los escasos recursos que tenían, nada los preparó para lo que estaba a punto de ocurrir.

 

Un día se acabó el gas en la casa y,  con seis meses de embarazo, Carmen subió sola las escaleras hasta su departamento, cargando la bombona. Eran las 8 de la mañana y la joven apresurada por su clase de Educación Integral en la universidad se cepilló el cabello, se puso un pantalón sin planchar y salió corriendo a agarrar la camioneta, pero cuando subió el primer escalón de las escaleras, un agudo dolor la hizo encorvarse sobre su vientre y la acera, donde finalmente se sentó. Un hombre que iba a embarcarse también, no lo hizo porque observó el pálido rostro de la chica, quien no sólo estaba adormecida sino que también comenzó a sangrar entre sus piernas.  

 

La distribución del tiempo es terrible. La psicóloga Soler asegura que los muchachos se dedican muchas horas a trabajar, arreglar la casa,  comer y muy poco tiempo a los estudios: “También los que son muy dedicados a la carrera terminan por descuidarse a sí mismos, pueden cuidar el sitio donde viven, pueden trabajar para pagar los estudios, el sitio donde viven, pero entonces descuidan su imagen, no comen, su círculo de amigos se reduce y es cuando surgen los problemas de salud”.

 

Carmen perdió a su bebé a principios de 2011. Los dictámenes médicos indicaron que la joven estaba por debajo de su peso normal (50 kilos), padecía una neumonía severa y una úlcera gástrica. Mikel asegura que la carga de vivir entre la universidad y el trabajo le impidió a su novia desarrollar un estilo de vida saludable. “Independizarse a veces implica sacrificios pero nunca pensamos que sería de esta manera”, dice con sus lágrimas a punto de salir. 

 

            ¿Entonces se puede llevar un estilo de vida digna con tan bajos recursos? La situación económica de estos  muchachos parece indicar que sí se puede vivir, ¿dignamente? Tal vez en otra historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

La función debe continuar

Directores teatrales y dramaturgos revelan la realidad que absorbe a las artes escénicas en el país. El actor y formador escénico Levy Rossell Daal asegura que la falta de compromiso entre los actores del gremio teatral, y los pocos recursos financieros otorgados por el Estado son considerados los declives más sobresalientes de la poca convocatoria que tiene el  teatro venezolano.

David Matos

Los aplausos estremecen la sala. “¡Bravo, buenísimo!” Otros dicen: “Demasiado buena, pero ¿tanto trabajo pá cobrá 30 bolos la entrada? No jod…” Los gritos de la audiencia despavorida, ante la bajada del telón, inundan los espacios de aquel lugar. Ese, sí. La sala Juana Sujo deLa Casadel Artista donde el arte escénico es venerado por los espectadores que buscan, más que una historia interpretada, una reflexión que posiblemente dará respuesta a las incertidumbres más intrínsecas del ser humano.

Sin embargo, el cartel que promociona la obra “Francisco Narváez, el Viento Sabio”, muestra el precio de la entrada. Apenas 30 bolívares por persona es el valor que recibe un trabajo que llevó meses de preparación, y con ellos el agotamiento físico, intelectual y emocional de todos los que trabajaron en la obra.

¡Desde el estreno de la obra Tu País Está Feliz, de Antonio Miranda y Xulio Formoso, y llevado a cabo por el grupo Rajatabla; el teatro venezolano se dividió en dos por tener el primer desnudo sobre las tablas. Lo clásico y lo contemporáneo. Y aunque ambos géneros mantienen la base cultural de nuestro país, la nueva generación de actores se enfrenta a la falta de recursos financieros para producir y promover una obra, una idea, un sentimiento…

Algunos años atrás el buen teatro surgió nuevamente entre los vestigios del tiempo. Considerado por muchos comola Cenicienta de la cultura, las artes escénicas en nuestro país se encuentran actualmente en una encrucijada enmarcadas por la promoción cultural y el compromiso de aquellos que materializan sobre las tablas el deseo de todo dramaturgo.

¡Desde el estreno de la obra Tu País Está Feliz, de Antonio Miranda y Xulio Formoso, y llevado a cabo por el grupo Rajatabla; el teatro venezolano se dividió en dos por tener el primer desnudo sobre las tablas. Lo clásico y lo contemporáneo. Y aunque ambos géneros mantienen la base cultural de nuestro país, la nueva generación de actores se enfrenta a la falta de recursos financieros para producir y promover una obra, una idea, un sentimiento…

La obra que dividió en dos el teatro venezolano

Antes las colas que se hacían eran de tres días, la gente se quedaba durmiendo a las afueras del Teresa Carreño para comprar entradas. Hoy día no se hace cola, ninguna. Antes todos se peleaban por las almohadas, y dormían allí.” El director venezolano Daniel Uribe señala que durante los años setenta la gente celebraba el arte mundial, y Venezuela recibía –en ese entonces— lo mejor de la escena mundial contemporánea.  Por desgracia, la escena del teatro en la actualidad demuestra todo lo contrario, de ello surgen varias vertientes.

La formación

Los actores actualmente tienen menos compromiso personal con los proyectos en los que suelen participar. Mariela Ovalles, productora de Narváez –obra estrenada en el año 2008- señala que la generación de relevo no tiene el rigor ni cuenta con la disciplina que amerita el reflejo de la esencia de grandes obras ricas en contexto cultural  y capaz de provocar en el espectador una reflexión personal.

“Puedo decirte que el actor de hoy se ha formado en las tablas de un teatro comercial con cartel televisivo, respondiendo a un teatro quizá más competitivo”, señala Ovalles con total seguridad.

En honor al escultor venezolano. Con récord de ventas

 

Por otro lado, el grupo Rajatabla continúa formando profesionalmente a jóvenes intérpretes  donde la pasión es el ingrediente clave para hacer teatro de calidad. Su director artístico, Gerardo Luongo, afirma que la cualidad característica de su elenco es la formación, pues el teatro lo integran actualmente personas con una preparación académica, situación que les permite ampliar e indagar un poco más en la investigación de la técnica actoral.

            La promoción

Algunos profesionales de la actuación apuestan a la muerte del teatro convencional. Hasta hace tres años se comentaba la posibilidad de que el grupo Rajatabla cerrara sus puertas para siempre debido a la falta de financiamiento institucional.

Sin embargo la dama de la actuación,la SeñoraAntonietaColón, nos confiesa que los artistas del ayer trabajaron para fundar instituciones y no para cobrar. El actor está obligado a comprometerse con el público, pues de nada sirve tener talento, fama y prestigio si no se tiene espectadores que critiquen las puestas en escena. El actor debe tener un público propio que debe empezar con su mamá, su papá, su pareja, incluso con el vecino.

La Dama de La Actuación, Antonieta Colón

El maestro de maestros, Levy Rossell Daal cree firmemente en el poder de convocatoria del actor para el éxito de una función teatral. En primer lugar, la promoción comienza con el actor. “Me da mucha risa cuando veo en televisión el anuncio de un estreno con caras famosas y al mes ya no se habla más de esa obra, ya se murió la obra; puesto que ellos creen que con sólo promocionar la obra en pantalla es más que suficiente y no es así”, dice el director y dramaturgo venezolano.

El maestro de maestros, Levy Rossell

Una realidad social.  Así define Mariela Ovalles al teatro comercial que ha surgido en los últimos 6 años en Venezuela. Como directora  y productora teatral, la artista plástico señala que en estos momentos hay un adormecimiento de la dramaturgia nacional y no se rescata ningún concepto de pertenencia que logra identificarnos: el ser venezolano: “Pienso que el teatro debe existir en Venezuela como en cualquier parte del mundo pero también debe dársele cabida y recuperar las puestas en escena que eduquen a la gente”.

Por el contrario, Uribe expresa que el teatro es comercial por naturaleza, dado el cobro por la entrada. El verdadero problema radica en que se debe hacer buen teatro. El espectador necesita ver un espectáculo rico en esencia para que no sienta que lo han defraudado, y para ello se debe pensar en el teatro como una industria. Pero para ello se necesitan las salas para la creación.

 Los espacios

El Ateneo de Caracas como institución del Estado fue la cuna cultural de la generación de los años 60 y 80 en Venezuela. Muchos intérpretes utilizaron los pasillos para recrear Hamlet, Romeo y Julieta, Tric Trac de Chocron en 1967; obras con un contexto histórico y cultural que abarcó la universalidad del comportamiento humano en un momento histórico particular. Por ende, los creadores y realizadores califican de inapropiada la manera en cómo se violentaron los espacios del Ateneo de Caracas.

Ovalles afirma que si bien es cierto que todas las nuevas generaciones necesitan una sede para desarrollar y expresar el arte, su pregunta es porqué se desaloja el Ateneo de Caracas para fundar UNEARTE Asegura que el Estado tenía otros espacios y el respeto debió haber comenzado por ellos, quienes debieron haberse puesto en contra de la destrucción institucional de uno de los organismos culturales más importantes que ha tenido Venezuela: “Sin duda alguna con este hecho parece que se pretende matar la historia cultural de este país”.

Mariela Ovalles, directora y productora teatral

Por otro lado, Uribe apunta que la institución dentro del Ateneo de Caracas no funcionaba correctamente desde hace varios años, pues desde que murió Carlos Jiménez, los festivales internacionales de teatro, comandados por Carmen Ramos, se fueron al abismo. El director hace hincapié en que no se deben cerrar  sino abrir espacios para que la cultura aflore: “No considero que la solución sea cerrar espacios así como no considero el cierre de canales de televisión.

Luongo señala que el Estado está haciendo una política de difusión de las artes en general, tratando de llevar las obras a espacios no convencionales, como determinadas barriadas de Petare y Catia. Afirma que existen numerosas políticas con agrupaciones históricas que reciben una remuneración, y el sector teatral siempre ha sido marginado en comparación con las otras artes: “Los gobiernos de turno siempre le han dado migajas al teatro; al Estado siempre le ha costado más darle algún tipo de financiamiento a la cultura que a las otras áreas”.

Gerardo Luongo, director artístico de Rajatabla

Uribe recalca que el Estado está en el legítimo de derecho de conceder espacios a las instituciones  que llenan sus requisitos particulares. Por ende, las políticas públicas culturales son necesarias para el Estado y la sociedad, y no para el actor, quien sí puede beneficiarse de ellas, siempre y cuando vengan acompañadas de leyes que protejan, financien la actividad y no creen dependencia gremial.

 El Compromiso

La cartelera teatral responde a las necesidades estéticas de quienes lo hacen, y estas necesidades residen en la supervivencia de quienes hacen las puestas en escena. Rossell señala que existe una deformación en la profesión, además considera que antes no sólo el compromiso actoral era mayor, sino que también se iba agarrado de la mano con la obra, el productor, los compañeros y la sala: “Hoy existe una tendencia de mata-tigrismo generalizado”.

 Claramente existe un interés entre las nuevas generaciones por el teatro, pero los chicos no deben comenzar en el medio haciendo experimentos, sino que se debe empezar con una formación básica desde las tablas. Y por eso es que, en la sala de conciertos de Unearte, la agrupación Sentimiento Escénico remontó durante 2010 la pieza de Levy “Caracas… ¡Urgente!”, pieza teatral sobre un grupo de jóvenes, entre quienes no ha habido más relación que una presentación y un hola, se encuentran en el vacío de una matriz, donde al despertar comienza con una exteriorización de sentimientos y motivaciones profundas hacia la realidad siglo XXI.

Un ejemplo de compromiso es Rajatabla, pues el grupo ha superado todos los obstáculos que una institución pueda tener. Levy Roseell afirma que la generación Chocrón, este nueva etapa del teatro venezolano tiene un claro sentido de compromiso con la carrera, el público y el país, pues los éxitos deben ser colectivos y no individuales.

Promoción Honor A Mis Padres, de Elio Palencia. Rajatabla 2011

Ovalles asegura que el teatro está obligado a producir cambios sociales que comienzan en el ínterin del individuo durante una apreciación teatral. La joven promesa venezolana opina que la situación de las artes escénicas no está en peligro de extinción en nuestro país pues asegura que mientras hayan artistas habrá teatro, mientras existan espectadores con deseos de verla habrá teatro, mientras hayan espacios para que hayan representaciones habrá teatro, y así continuarán los aplausos.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el refugio localizado en La Rinconada, la violencia es habitual. En él pernoctan aproximadamente cuatro mil personas y es uno de los más poblados del país. Robos, peleas, tráfico de drogas y violaciones aquejan la mayoría de los albergues en Caracas. Evidentemente la seguridad, en muchos casos intermitente, proporcionada por la Policía y la Guardia Nacional es insuficiente.

Andrea Blanco

Susurrando como si se tratara de un secreto, de una información que él no debía contar a nadie, Leonardo Cedeño de once años, narra que le da miedo vivir en el refugio porque allí “hay gente que consume droga y viola”. Él le pide a su mamá que apague la luz por las noches para dormir rápido y no asustarse. Habita en el refugio desde hace cuatro meses y junto a sus vecinitos se la pasa correteando por las angostas veredas que dividen los bloques de cubículos y por las escaleras que sirven a los residentes de vertederos de basura.

Leonard Márquez, electo por los vecinos para la coordinación del albergue, afirma que en el refugio todos los días pasa algo. “Aquí hay locos y locas, enfermos, sádicos, maricos, delincuentes, prostitutas, drogadictos, violadores, aquí hay de todo y tu no sabes con quien vives”. Explica además que se ven a diario mujeres maltratadas por sus esposos y niños a los que sus padres les pegan hasta con una piedra. “Aquí la droga se mueve más que en la calle, hemos visto golpizas , casi linchamientos, problemas entre vecinos y también ‘culebras’, ha habido heridos por armas blancas”.

Al Centauro, como es llamado el refugio ubicado en la Tribuna A de La Rinconada, se le llega a pie fácilmente por la estación de Metro con el mismo nombre. En la entrada, yacen con chalecos amarillos dos policías nacionales. Luego debe recorrerse un largo pasillo medio oscuro, con varios bombillos quemados, para llegar al lobby o piso 1. A primera vista, se distinguen algunos cubículos del albergue, las tres carpas de los cuerpos de seguridad, un corredor sombrío, unas grandes escaleras mecánicas y varios grupos de niños jugando por doquier. Todo esto sobre pisos grises sucios y llenos de excremento de perros callejeros.

Sólo en la tribuna A hay personas provenientes de Vargas, Autopista Caracas-La Guaira, Petare, Antonio José de la Cruz, Nuevo Horizonte, Federico Quiró, Tamanaquito, Caracaya, Gramoven, Blandín, Tacagua, Boquerón y muchos otros sectores más. Cada una de estas comunidades ha traído sus costumbres, inquietudes y problemas al refugio. Sólo hace falta imaginar por un segundo esta complicada realidad en la que confluyen tantas formas de vida, a veces incompatibles entre ellas.

La faena de los coordinadores. Leslie Romero, trabajadora social y miembro del equipo coordinador de 4 refugios en Caracas, entre los que hasta hace poco se encontraba el gran albergue del Sambil de La Candelaria, habitado aproximadamente por 2700 personas, afirma que la dinámica de trabajo es muy fuerte y es la que impone el horario. Relata que puede estar en los albergues un día desde temprano en la mañana hasta las 10 de la noche y trabajar 16 o 14 horas diarias. “A veces el día se me va en la resolución y canalización de conflictos”.

“Se ven muchos delitos como tráfico de drogas, delincuencia e introducción de armas al refugio. En las noches es que se viven más este tipo de cosas”, afirma Romero. Cuando se trata de delitos menores, el componente militar o los coordinadores se encargan de levantar el acta de compromiso o acuerdo. Cuando es algo muy grave, la persona es directamente denunciada en los organismos competentes y es expulsada del refugio.

De acuerdo a Romero, la violencia es pan de cada día en los refugios en los que ha trabajado. “Se entiende porque si te pones en el lugar de esas personas, haber perdido tu casa y todo lo que tenías, vivir en la incertidumbre por no recibir respuestas concretas sobre cuándo te mudarás a tu apartamento y tener que compartir hasta los baños con personas que no conocías hasta hace poco y que pueden ser malandros, te hace vivir en una tensión permanente”.

La habitación de 3×3. En la Ley Especial de Refugios dictada en la Gaceta oficial número 39.599, de fecha 21 de enero de 2011, el Estado venezolano hace un intento por normar la situación de los refugiados y “proteger a la población en casos de emergencias o desastres”. La experiencia en un refugio hace ver que esta ley es eso, un intento apresurado, sobre la marcha y en muchos casos no atendido.

La Rinconada es un refugio tipo B de acuerdo al artículo 8 de esta ley. Allí hay “edificaciones divididas en habitaciones unifamiliares con servicios comunes para ser compartidos por varios grupos familiares”. En este artículo también se especifica que las carpas de los refugios tipo C (de carpas unifamiliares) deben tener medidas de 5×4 como mínimo y no alojar a más de seis personas. En la Rinconada los cubículos miden 3×3 y están dotados de dos literas para todo el núcleo familiar, que en ocasiones alcanza el tope, impuesto en la ley, de 6 integrantes.

Yelitza Martínez vive con su esposo y sus tres hijos desde hace seis meses en una de estas habitaciones. Confiesa que en el día están bien pero “en las noches sí hay inseguridad porque se mete cualquiera de la calle”. Junto a sus vecinos de La Rinconada a extraño que ven por ahí lo interpelan, lo investigan para averiguar qué anda buscando. Sin embargo, prefiere no salir de su cubículo luego de las 9 de la noche, cuando se apagan las luces de todo refugio indicando que es hora de recogerse.

Martina Pérez, estudiante de enfermería de la Misión Ribas con sede en la tribuna A de la Rinconada y voluntaria en este albergue, coincide con Leslie Romero al plantear que en los refugios la violencia también se engendra del “área de contaminación” donde estas personas hacen vida, del entorno. Pisos con un una espesa capa de polvo, sanitarios compartidos que emanan olores pútridos a todo el piso, lagunas de agua contaminada en las áreas de lavandería, botaderos de basura atestados de moscas en los descansos de las escaleras y el evidente hecho de que tanta población coexista en un espacio tan reducido, ocasiona la problemática de insalubridad.

“Me he topado con varios brotes de enfermedades, me dio lechina y conjuntivitis. En estos casos los coordinadores procedemos a colocar en cuarentena a las personas infectadas, pero éstas muchas veces se rehúsan a ir a un sitio más adecuado alegando que deben cuidar sus niños y sus cosas”, cuenta Romero. Pérez y sus compañeros de estudio hacen trabajo voluntario en el refugio. Imparten sesiones educativas para inmunizar y prevenir brotes infecciosos. Ella opina que hay mucha inconciencia.

Leonard Márquez, coordinador del refugio, considera que toda la culpa no es del gobierno. “Hay gente que es limpia y mantiene sus áreas aseadas. Hay gente que viene de un cochinero y se lo trae para acá”.

Gabriel Martínez, residente de la tribuna A, dice que la mayoría de la gente habla mal de la instituciones pero él cree que son éstas las que más apoyo les han brindado. En la Rinconada cuentan con la presencia del Instituto Nacional de Nutrición y el Ministerio de Alimentación los apadrina. Específicamente Carlos Franklin Celis, viceministro de políticas alimentarias, es su padrino inmediato. Martínez asegura que “los malos son los mismos vecinos del refugio”. Él junto a su grupo iniciaron la siembra de un huerto organopónico de producción social para surtir al comedor, y a los días se encontraron con que les habían despedazado la mayoría plantas.

El trancazo. De acuerdo con el reciente informe de El Observatorio de Conflictividad Social de Venezuela, en mayo hubo aproximadamente 408 manifestaciones, 120 (29%) llevadas a cabo por refugiados en solicitud de viviendas dignas. El 26 de mayo los vecinos de la tribuna A de La Rinconada fueron protagonistas de El Trancazo, concentración y marcha en la que los refugiados demandaban viviendas dignas, seguridad, cambio de padrinos y terminación de obras inconclusas dentro del albergue.

Esta movilización, como afirma Leonard Márquez, coordinador del albergue por elección popular y organizador de la protesta, se planificó como sólo una concentración en la autopista Valle-Coche, pero culminó siendo una marcha de más de 700 personas, entre las que se incluían mujeres embarazadas, niños y bebés, discapacitados y ancianos. Agrega que la Guardia Nacional al principio logró repeler la concentración que ocasionaba la tranca en la autopista, pero luego este organismo en vista de que empezó la movilización terminó custodiándolos hasta Miraflores.

El evento duró de 5:45 a 11:45 de la mañana y participaron casi todo los pisos 3 y 4 del albergue. Leonard relata que esa mañana fue como una tertulia. “Entre cantar, echar vaina, desvalijar matas de mango para que los niños comieran y bailar llegamos a Miraflores. Una mujer a la que le faltaba poco para parir, fue a dar a luz al otro día después de la caminata. Eso fue horrible”.

Tres días después recibieron respuestas: la preadjudicación de 160 familias para Ciudad Belén y el refuerzo de la seguridad en el refugio. Sólo habían dos efectivos de la GN para 2400 personas. El 6 de junio llegaron más funcionarios de la GN y otros de la Policía Nacional.

Henry Astudillo, uno de los oficiales de la PN que llegó al refugio con el nuevo plan de seguridad, considera que por los momentos las personas del albergue están bien resguardadas, ya que tienen protección tanto de la Policía como de la Guardia Nacional. “No ha ocurrido ningún hecho relevante entre los damnificados. Siempre estamos ahí para resguardarlos”.

Con este “siempre”, Astudillo se refiere a las dos semanas que tiene de servicio en el refugio. “Antes la vaina estaba peligrosa, loca”, asegura Jefry Rodríguez, habitante del albergue. Él y su vecino Gabriel Martínez, coinciden en que las cosas están “calmadas” desde que la presencia de los cuerpos de seguridad aumentó.

El sargento mayor de la GN, Luis Felipe Carreño, encargado de seguridad en el albergue, dice que ellos están desde hace seis meses en este refugio cumpliendo una función de prevención. “Nos encargamos de orientar a las personas para que cumplan el reglamento y así prevenir posibles actos de violencia”.

Leslie Romero refiere que en muchos refugios se cuenta con el apoyo del componente de la Fuerza Armada, pero a veces es intermitente su presencia y hay situaciones que se les escapan de las manos. “Hay que recordar que ellos vienen con una mentalidad de cuartel, que los lleva a creer que con decir algo el resto va a obedecer, y cuando se encuentran con personas que nunca han acatado órdenes, que sólo conocen la ley del más fuerte y que socialmente siempre les han tenido un resentimiento,  es difícil”.

Astudillo de la PN asegura que “es fuerte trabajar con esta gente, tienen el carácter fuerte y es difícil llegarles porque nos ven como los policías malos. Tienen una mala imagen nuestra.”

Romero cuenta que la GN ha estado involucrada también en conflictos vecinales. “Las mujeres empiezan a sacarle fiesta a los militares y después vienen los maridos en busca de pelea”.

Solución habitacional.“La principal exigencia y preocupación de estas personas es su solución habitacional y nosotros los servidores que los asistimos diariamente no estamos allí para solucionar eso, sino para apoyarlos en la organización, el funcionamiento del refugio y en todo lo que pueda proporcionarles un mínimo de calidad de vida”. Esto y otras cuestiones que escapan a sus competencias, como la asignación económica, hacen a Romero sentirse limitada.

En la tribuna A de la Rinconada, en 7 meses van 31 familias adjudicadas a sus viviendas, las otras 530 siguen pre-adjudicadas o en espera de respuestas.

Muchos parecen resignados a que allí dentro les queda otro largo periodo. Otros piensan que la solución está en salir a la calle a protestar. “Una sola mala información que dé el viceministro y se forma el lío”, comenta Leonard Márquez. En la última asamblea de refugiados, la mayoría asume que en el albergue viven en condiciones decadentes, otros mencionan que en el abandono, y que “eso no está llegando a oídos del presidente”.

“Por la noches las mujeres y sobre todo las niñas van al baño en grupos. Por experiencia saben que si van solas, en esos angostos pasillos cualquiera les da una voltereta y después de ahí puede pasarles cualquier cosa”, cuenta Mario Jiménez, enfermero voluntario en La Rinconada.  La noche del día de las madres una señora falleció producto de convulsiones, “se ahogó con la lengua”, relata Pedro Prieto, habitante del albergue. “Todos en el refugio se pusieron molestos porque no había seguridad, no teníamos como sacarla de aquí. Llamaron al 171 pero cuando llegaron ya era tarde”.

Los datos de la OMS indican que el VPH es un problema de salud pública a nivel global, que se torna más grave en regiones del mundo como Latinoamérica y el Caribe. En Venezuela es muy alto el número de casos en que los pacientes presentan un VPH de alto riesgo y mueren por no recibir tratamiento. La UCV no escapa a esta realidad

 

Andrea Blanco

Mónica Castro tiene 24 años de edad y es estudiante de enfermería en el Colegio Universitario de Los Teques Cecilio Acosta. Es una muchacha emprendedora. Vive en el Valle, trabaja en un centro cultural en Las Mercedes, estudia en Los Teques y próximamente presentará la prueba de admisión en la Escuela de Medicina de la UCV. Hace poco tiempo su vida dio un giro total. Ahora cada dos o tres meses, según le diga su ginecólogo, debe asistir a consulta para tratar las lesiones que le aparecen dada su condición. Mónica es una afectada más del Virus del Papiloma Humano.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de las infecciones de transmisión sexual más mortífera es la causada por el VPH. Casi todos los casos de cáncer cervicouterino están asociados a infección genital por este virus. El cáncer de útero es el segundo tipo de cáncer más frecuente en las mujeres, y causa cada año 500.000 casos nuevos y 250.000 defunciones en el mundo.

En 2008 en un estudio realizado en colaboración por el Instituto de Vacunas Albert B. Sabin, la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Los Centros de Control (CDC) en E.E.U.U., la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard y el Institut Català de Oncología de Barcelona se determinó que en Latinoamérica y el Caribe, 33.000 mujeres mueren cada año por cáncer de cuello uterino, una enfermedad prevenible causada por el VPH que infecta al 20% de los hombres y mujeres de esta región del mundo.

En Venezuela, el cáncer de cuello uterino es también un problema de salud pública. La población femenina es la más afectada, con una incidencia del 25,54%. Cada año se detectan 3.000 casos nuevos de cáncer de cuello uterino en mujeres en edades comprendidas entre 25 y 64 años, de acuerdo a proyecciones estimadas por el Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS). La afección, además de ser la más frecuente, es la primera causa de muerte oncológica en las mujeres venezolanas.

Como señala Iraida Silvera, orientadora en salud sexual y reproductiva de la Asociación Civil de Planificación Familiar (PLAFAM), el VPH es un problema de salud pública que afecta tanto a hombres como a mujeres. No excluye edades ni posición económica. No es un problema de mujeres pobres, ni de mujeres ricas. Es algo que afecta a todos y todas por igual. “Cinco años atrás, cuando ingresé a la institución se veían muy pocos casos, pero progresivamente ha aumentado la población de manera significativa. Podríamos hablar de un incremento de 80%. De hecho, en PLAFAM, entre un 90% y 95% de los exámenes de Captura híbrida realizados han arrojado resultados de VPH de alto riesgo. Es decir pacientes con tendencia a desarrollar cáncer”.

 

El riesgo de la desinformación. Mónica, la estudiante de enfermería, tenía una pareja de cuatro años. Cuenta que el afán de este hombre por conocer los resultados de la citología que ella solía realizarse anualmente, entre otros factores, la hicieron sospechar que algo andaba mal. Así que fue y se hizo los exámenes ginecológicos, en los que para sorpresa suya, fueron halladas células de VPH. Luego, a través de la Captura híbrida supo que se trataba de VPH tipo 18, uno de los más comunes a pesar de ser de alto riesgo.

El tiempo de incubación del VPH varía de acuerdo a la persona. Se puede contraer el virus y desarrollar las lesiones 5 días o 10 años después. Esto lo hace un virus tan silente como peligroso. “Depende del sistema inmunológico de cada individuo, pues éste protege al afectado y puede hacer que desaparezcan todas las células. Sin embargo, en algunos casos queda una partícula de esa célula, y en algún momento que ese sistema baje, se puede desarrollar la lesión”, aclara Silvera.

Para 1999, de acuerdo al MPPS se registraron 4.841 casos, de los cuales 2.410 representaban al sexo femenino. Hoy en día no se cuenta con cifras concretas sobre la cantidad de afectados por el VPH en Venezuela, sólo se sabe que son abundantes. En PLAFAM, también se están desarrollando estadísticas.

 

Los más vulnerables. “Con mi pareja no usaba preservativo porque confiaba en él. Para mí fue traumático saber que la persona con quien estaba me había infectado de VPH. Esto es evidencia de que no podemos confiar ni en nuestras propias parejas, pero hay que seguir adelante”. Mónica se trata en PLAFAM, donde señala que tanto la atención como los precios son buenos.

Para los jóvenes en general, el VPH es un problema muy grave. Cecilia Lozada, gineco-obstetra de la Organización de Bienestar Estudiantil (OBE) e investigadora del VPH en la Universidad Central de Venezuela (UCV), considera que el primer impacto es psicológico. “El tratamiento depende del tipo de lesión y de lo que se observe en el resultado de la biopsia. En OBE, contamos con los tratamientos necesarios para controlar el VPH. Los estudiantes de la UCV pueden acceder a ellos de forma gratuita”.

Una de las sedes de PLAFAM está ubicada justo saliendo de la UCV, en la calle Minerva. Silvera, orientadora de esta institución, aclara que allí se atienden principalmente a jóvenes, muchos provenientes de la Ciudad Universitaria de Caracas. “Los adolescentes y jóvenes, por su situación, son más vulnerables. Hay mayor riesgo de infecciones y de embarazos no deseados”.

 

El condón y el envoplast. La doctora Lozada, de OBE, recomienda el uso del preservativo, tener un solo compañero sexual, verificar si la pareja está con alguien más, exigir exámenes de laboratorio, el control ginecológico por lo menos dos veces al año y evitar los factores de riesgo: fumar, ingerir alcohol, drogadicción, ya que todo esto suprime el sistema inmunológico, que es el que nos protege de cualquier virus, incluso el VPH.

El método de barrera es el más eficiente a la hora de protegerse contra esta infección de transmisión sexual. El condón masculino sólo protege el pene, y si la lesión es en los testículos el riesgo de contagio es muy grande. “Por esto es que muchas personas tienen VPH, porque aun cuidándote con el condón, hay áreas que quedan descubiertas. Lo que más protege es el condón femenino porque te recubre los labios vaginales. También hay otras formas, como el Envoplast, pues no sólo se habla de parejas heterosexuales”, acota Silvera.

Ante la amenaza, actualmente en Venezuela sólo se cuenta con la vacuna profiláctica, que sirve para prevenir los tipos de VPH más comunes. No obstante, ya existe una vacuna para el VPH en general. Esta fue aprobada por la OMS, es muy costosa y aún no llega a Venezuela.

La orfebrería es un arte prehistórico 

 

La tendencia actual es el alambrismo. Los materiales utilizados actualmente por los orfebres son la plata, el bronce y el latón. Este arte lo trabajan desde las amas de casa hasta los ingenieros, abogados y administradores. 

Por: Daniela Febles

 

La orfebrería existe desde los tiempos de la prehistoria. Con el oro y la plata se fabricaban exclusivas piezas como joyas, monedas y estatuas siguiendo el estilo y los gustos propios de la época y las ciudades donde las elaboran. En Venezuela, pocas investigaciones se han realizado sobre este arte. Un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES) de la Universidad de Carabobo explica que la orfebrería colonial venezolana por su calidad, podría ser comparada con la de cualquier lugar de América.

En Caracas, para la segunda mitad del siglo XVI, había 11 plateros activos, lo que es un número considerable si pensamos que la ciudad acababa de ser fundada. Para el siglo XVII vivían 25 plateros en la misma ciudad. El siglo XVIII fue la época del gran auge y desarrollo de la orfebrería en todo el país. En Caracas, un total de 111 maestros vivieron durante ese siglo, a cuya cifra se le debe sumar algunos de los 106 aprendices que estaban activos para los primeros años del siglo XIX.

En la actualidad caraqueña se conocen apenas 20 orfebres profesionales que tornean y crean piezas de calidad, entre ellos Armando Rodríguez, Asdrúbal Tello e  Isabel Silva. Sin embargo, existen múltiples escuelas que enseñan este arte. Una de ella es la Escuela Joanna Palacios ubicada en Chacao, que se caracteriza por no seguir las tendencias actuales sino por crear diseños de exclusividad.

Palacios cuenta que desde hace tres años está de moda el alambre para hacer orfebrería: “utilizarlos de cobre, bronce y de latón, y hacer pocas soldaduras en las piezas. Hay mucha gente trabajando con cueros, material orgánico y mucho color, sobre todo con los tonos dorados”.

Por su parte, en el taller de orfebrería impartido por la Corporación Venezolana de Guayana, Minerías de Venezuela (CVG MINERVEN) en Altamira, realizan trabajos con alambres de plata. Ibel Sierra, asistente y ex alumna de la escuela explica que trabajan con ese material porque el costo del oro es bastante elevado. El mineral es donado por Minerven para realizar los anillos, zarcillos y collares. Realizan todo lo que sea mercadeable y de bajo peso.

En el taller de orfebrería artesanal Flor de Luna en La Florida, ofrecen diseños influenciados por la naturaleza, la vida, el amor y la magia, según su fundadora Magda Sánchez. Sus piezas ofrecen un estilo urbano, fresco y elegante. El Taller de la Tierra ubicado en Los Chorros, se encargan de crear las piezas con plata y bronce, para luego distribuirlas mediante la joyería Stefani’s del Centro Comercial Plaza Las Américas.

Creatividad e imaginación. Los orfebres pueden hacer cualquier cosa que imaginen. “No tenemos peticiones, nadie nos pide nada, si nos atrevemos a hacer una pulsera, la hacemos. Generalmente yo me guío por lo que me dice el material, lo observo y busco una simetría que me sea estética y a partir de allí creo la pieza”, son las palabras de Ibel Sierra, ex alumna del taller de CVG MINERVEN.

Aparte del talento que se necesita para ser orfebre, también se ha demostrado que no sólo depende de habilidad ni de creatividad, sino del esfuerzo y de la paciencia. “Para ser un buen orfebre hay que tener buena vista, buena espalda y paciencia”, cuenta Ibel.

Asimismo, Joanna Palacios, directora de la escuela de orfebrería que lleva su nombre, expresa que las piezas deben tener personalidad: “que no veas un mismo collarcito en todas las tiendas y lugares de joyas y que le pongan el nombre de cualquier cosa porque no lo identificas con nadie. Eso es lo que yo llamo no tener ADN. Nosotros nos encargamos de que las personas pongan su ADN en las piezas, que puedas decir que tal pieza se identifica con tal persona.”

    Utilizar las tendencias actuales implementándolas con creatividad y cosas nuevas es lo que pretende la escuela de Palacios. “Si el corazón está de moda desde hace once años, lo que está de moda desde hace once años tenemos que hacerlo de diferentes formas para saber, por ejemplo, ¿cuál es el corazón de Cindy Castro? ¿Cuál es el corazón de Neida Solorzano? Cuando veas ese corazón, sabrás que es el de esa persona, por su creatividad, por su propuesta”.

Por otra parte, ser orfebre en estos tiempos no es un oficio a dedicación exclusiva. Hay desde amas de casa, hasta licenciados, abogados, ingenieros y administradores. Estas personas acuden al taller en busca de un “plan B” en su vida. Por ejemplo Shalena Castillo es licenciada en Ciencias Fiscales, administradora de un grupo de tiendas, y realiza manualidades. Castillo cuenta que no se le hace difícil realizar el taller, que cuando se dispone a crear una pieza piensa en cómo lo va a usar, de qué tamaño le gustan a ella. “Primero las proyecto en mí para luego proyectarlo en otras personas. Siempre hago las piezas pensando primero en mí”.

Igualmente, Alix Shauam es ama de casa. Su gusto por este arte le permitido realizar el taller. “Me gusta y me llama la atención. Cuando le pones amor y te gusta todo lo puedes hacer. Al momento de crear una pieza veo a la persona, la observo antes de fabricar. El arte es expresar todo lo que sientes, todo lo que ves”.

La orfebrería en el mercado. Actualmente las piezas de orfebrería están hechas de cobre, pero bañadas en oro. Son pocas las que se realizan con plata y mucho menoslas que se hacen con oro. Esto tiene que ver con la subida desde hace cuatro años del más del 300% de la plata, según Joanna Palacios.

La profesora Palacios también explica que el precio del oro, que antes estaba en 800 dólares la onza, ahora está en 1500 dólares. La misma opinión la tiene Ibel Sierra en el taller de CVG MINERVEN, quien dice que en la escuela se trabaja con plata porque es menos costoso que el oro. “No es igual que un maestro te haga una pieza mala a que lo haga un alumno que apenas está comenzando. Se perdería muchísimo oro y eso duele al bolsillo de la compañía”.

En cuanto a las exposiciones de las piezas, el taller Flor de Luna presenta sus piezas dentro de su misma tienda ubicada en la calle Nivaldo Nº 06 de La Florida, mientras que el Taller de la Tierra envía sus joyas al Centro Comercial Plaza Las Américas, a la tienda Stefani`s que es uno de los mayores vendedores de joyería en la capital.

Por su parte, el taller de Joanna Palacios y el de la Corporación Venezolana de Guayana prefieren hacer gala de sus piezas en ferias y eventos públicos. Los alumnos de la escuela de Joanna Palacios venden sus colección de piezas anualmente en el Ateneo de Caracas y poseen una galería dentro de la sede del taller en Chacao, mientras que los de la CVG presentaron su última colección la semana del 22 al 29 de abril en la feria de Corpoturismo, realizada por el Ministerio del poder popular para el Turismo, en el parque nacional Waraira Repano.

 

El repertorio musical  parece ampliarse con nuevas propuestas 

Se sigue asociando la música venezolana únicamente con la llanera. En el país no se difunden igualitariamente todos los géneros musicales tradicionales. Los expertos coinciden en que es necesario un esfuerzo mancomunado entre el Estado, los medios de comunicación y la escuela,  para que se conozca ampliamente la cultura

Por: Erick Lezama Aranguren.-

Cuando llega su turno, Natielvi camina risueña al centro del escenario. No está nerviosa porque sólo es un ensayo y el auditorio está vacío. Toma el micrófono y para concentrarse fija su mirada en algún punto impreciso de la sala. Su sonrisa desaparece súbitamente cuando el director musical cuenta hasta tres y la batería estalla en una fiesta de sonidos. Luego de dos compases comienza a cantar “Junto a mi”, tema que escogió para representar a su escuela en el renglón Urbano del Festival dela Voz Humanista2011.

No pensó en participar en el renglón tradicional porque, a su juicio, la música venezolana no permite mostrar todas sus cualidades vocales.   Natielvi creció en un pueblo de Tucupita, al nor-oriente del país. Recuerda que de pequeña tuvo que cantar joropo porque era lo que le enseñaban en las clases de música a las que asistía. Confiesa su preferencia por la música foránea: “Aunque he cantado `llaneritas´ de Scarlet Linares, lo mío es el pop”.

Natielvi siempre habla de la música venezolana refiriéndose únicamente a la que se hace en los llanos. No toma en cuenta las demás corrientes musicales tradicionales que tiene el país: no asocia la gaita, los aguinaldos o los calipsos con la música nacional.

Mariana Bacalao, experta en el estudio de la OpiniónPública, dice que se trata de un fenómeno que caracteriza a la sociedad venezolana, donde hay una identidad nacional fragmentada. “En la colectividad se vincula la música venezolana exclusivamente con el joropo. La gente no sabe que ese es sólo uno de los muchos géneros tradicionales.  Como no les gusta y creen que es lo único que hay, la rechazan”, asegura. Cree además que es consecuencia de la falta de información cultural y artística. “Es lógico, nadie puede valorar algo que no conoce”, dice.

El musicólogo Hugo Quintana dice que hay que reconocer la importancia del joropo en la cultura venezolana, pero que también es necesario masificar la idea de que el país es más rico musicalmente. “Es una visión simplificadora pensar que el joropo comprende la totalidad de la música venezolana”. Quintana difiere de Bacalao al considerar que la tendencia a pensar que el joropo es el único género musical que hay tiene que ver con la ubicación geográfica. “Para el zuliano su música es la gaita”, explica.  Dice que también ocurre que se conocen algunas canciones de otros géneros, pero que no se asocia directamente con la música venezolana.

El músico venezolano Aquiles Báez, dice que uno de los problemas del venezolano es que no conoce  la cultura de su país y por ello no se identifica con sus raíces. “En Colombia, Brasil o México, esta situación totalmente diferente, allá la gente sí valora y conoce su música”.

La experiencia de Natielvi encaja con lo que dicen los expertos. Recuerda que cuando estudiaba primaria, en los actos culturales sólo se cantaba el alma llanera. “Ahorita uno lo que oye es reggaeton, y es como más bailable. Es que a uno no le inculcan la música venezolana ni en la casa ni en la escuela”.

Todo parece indicar que la falta de conocimiento de la música tradicional es una responsabilidad compartida entre el Estado, los medios  de comunicación y la escuela.

¿En las leyes, en los medios o en el aula?

A mediados del siglo pasado, en un esfuerzo por afianzar la identidad nacional, el entonces  presidente Marcos Pérez Jiménez decretó que la música nacional era el joropo. Por ello se le dio mucha difusión y se nacionalizó. En los años 80`, con el decreto del 1×1, se produjo un boom de música pop. En ese entonces se popularizaron cantantes como Ilan Chester,  Karina y Yordano. Báez destaca que a pesar de esas iniciativas nunca se difundió masivamente la música venezolana diferente a la llanera.

Desde el 2005, con la entrada en vigencia de la Leyde Responsabilidad Social de Radio y Televisión, las emisoras de radio y canales de televisión quedaron obligados a transmitir contenidos culturales y educativos. El artículo 14 establece que al menos 50% de la música venezolana que se transmita debe ser tradicional, y deben incluirse géneros de las diversas zonas del país.

Sin embargo, para Juan Carlos Ballesta, músico y editor de la Revista Ladosis, la legislación es débil. “Más allá de obligar a transmitir un contenido específico, lo que hace falta es un trabajo de formación cultural. Aquí se debería ver educación musical como se ve educación Artística o Historia de Venezuela”, dice. Considera que la ley ha sido contraproducente: “Como los dueños de medios no conocen la música venezolana, colocan únicamente joropo, y eso genera más rechazo en el colectivo”. Ballesta agrega que los medios de comunicación en general tienen una deuda con el país, porque no han creado espacios para la difusión de la cultura venezolana.

El musicólogo Hugo Quintana asegura que es necesario que los productores de radio y televisión se actualicen, conozcan las nuevas propuestas que existen musicalmente y aprendan de todo el bagaje musical de tradición que tiene Venezuela.

La promotora cultural Isabel Pérez y Aquiles Báez, concuerdan con la visión de Ballesta. Aseguran que no se puede imponer la cultura y la identidad, pues es algo que crea desde los primeros años de vida. Concuerdan en que es necesaria la unión entre los medios de comunicación, la escuela y el Estado, para logar que se conozca la cultura musical venezolana.

cantantes de Piso 1

         Nuevas propuestas. La especialista Mariana Bacalao asegura que la única forma de que la situación cambie es que se den a conocer exponentes de la música venezolana que sean jóvenes, que hagan música que genere empatía, y exploten todos los géneros musicales del país.

Actualmente la Fundación Bigott, a través de  agrupaciones como Pomarrosa y Vasallos del sol, trabajan en el sentido que sugiere Bacalao. Han dado a conocer la amplitud de la música venezolana, al interpretar géneros como sangueos, gaitas de tamboras, parrandas, aguinaldos, tambores, merengues,  joropos, etc.

Asimismo, desde el año  2007, surgió la Movida Acústica Urbana, (MAU) una asociación de seis ensambles de música venezolana instrumental, cuya propuesta tiene elementos de otras corrientes musicales como el jazz. Lo conforman las agrupaciones C4 trío, enCayapa, los sinvergüenzas, Kapicúa, Nuevas Almas y Kamarata Jazz.

Una propuesta similar a la de la MAUes Piso 1, agrupación conformada por solistas de varios grupos de música tradicional, que se unieron para mostrar una música venezolana tradicional más urbana.

Estas iniciativas parecen indicar que el panorama es alentador. Sin embargo, la promotora cultural Isabel Pérez considera que es necesario que se logren masificar esos esfuerzos para que no sean percibidos como grupos elitescos.

Marina Bravo, cantante de Piso 1 y de Pomarrosa, coincide con Pérez en la importancia de la masificación de las nuevas propuestas musicales tradicionales. Sin embargo asegura que es difícil. Su experiencia le dice que aún en la radio siguen prevaleciendo los intereses particulares, y en la televisión no hay programas para mostrar el trabajo que hace. “Yo no pude pagar `payola´  y por eso mi disco no sonó. Es así, uno no hace joropo, que es lo que la gente conoce. Es injusto que luego de que uno tiene que vender hasta el carro para hacer un CD tenga que pagar para estar en la radio”. Bravo, sin embargo, se muestra optimista: espera que todas las propuestas emergentes, que hacen la música venezolana más actual, puedan masificarse para que la gente comience a conocer la diversidad musical de Venezuela.

    

Músicos de la MAU

En los centros educativos la agresividad es tan común que pasa desapercibida

 En lo que va de año, la Federación Venezolana de Maestros ha recibido 45 denuncias de docentes maltratados por sus alumnos. La mayoría de los casos quedan  pues hay un vacío legal sobre el manejo de violencia escolar. Los expertos coinciden en que se ha naturalizado la violencia como forma de relación social.

Por: Erick Lezama Aranguren.-

         El Profesor Robert Jerez más que por el ardor, lloró de la impotencia.  No podía respirar y se sentía asfixiado. Se le imposibilitaba ver por el ojo derecho y lo tenía ensangrentado. Todo le daba vueltas y sentía ganas de vomitar. No sabía exactamente qué le dolía. Aún el gas lacrimógeno inundaba todo el salón. El llanto se hacía imparable y con el pasar de los minutos el dolor se incrementaba. Estaba acostado en un rincón e intentaba pararse, pero le costaba moverse. Se sintió vulnerado, abusado, desprotegido, con miedo, triste. Se quedó en el lugar hasta que otro profesor entró y lo sacó.

            Todo comenzó cuando Jerez, de 28 años de edad y profesor de Ciencias Sociales en el Liceo de Formación Cultural Fermín Toro, atendía a estudiantes de 7mo y 8vo grado. “Les estaba entregando las notas y conversando con ellos”, recuerda. Entraron los encapuchados y los estudiantes salieron. “Me quedé solo y eran  cinco contra mi”. El docente dice que, lleno de pánico, intentó calmarlos. No funcionó: le lanzaron un pupitre que fue a parar directamente a su ojo, le dieron patadas, golpes, lo insultaron, lanzaron una bomba lacrimógena y lo encerraron.

            Desde enero de este año, siete compañeros de Jerez atravesaron por situaciones similares.  Todos impartían clases en ese mismo centro educativo, ubicado a pocas cuadras del palacio de Miraflores. En la mayoría de los casos, prefirieron no denunciar. La profesora Lisneth Alcalá, por ejemplo, fue la directora de la institución hasta principios de año y renunció al cargo por las continuas amenazas de algunos jóvenes integrantes de una banda que operada dentro en Liceo.

           En lo que va de año, otros 47 colegas de Jerez han denunciado ante la Federación Venezolana de Maestros agresiones por parte de sus alumnos y en algunos casos también de los representantes.

           Orlando Alzuru, Presidente de esa institución, asegura que ese número de denuncias representa un incremento en los niveles de violencia en los liceos: “Uno normalmente recibía aproximadamente 3 o 4 denuncias en el año. Siempre hemos estado al tanto de la violencia en los liceos, pero últimamente la situación es más crítica (…) el Fermín Toro es uno de los focos que hay que atacar.”

           Por su parte, Fernando Pereira, Coordinador de Cecodap, organización no gubernamental que trabaja por los derechos de la niñez y adolescencia y la prevención de la violencia,  concuerda con la visión que tiene Alzuru. “La violencia del docente hacia el estudiante, y entre alumnos, ha existido históricamente y sigue siendo lo que más predomina. Sin embargo, en Cecodap vemos con preocupación un incremento en la violencia de los estudiantes hacia sus profesores”, expone.

          El director de esta organización, Oscar Misle, quien conjuntamente con Pereira escribió el libro “Violencia en los pupitres”, agrega que en Cecodap cada día hay más liceos que piden su apoyo para implementar medidas que contrarresten la violencia escolar “Eso es muestra de que la violencia en los liceos ha ido en aumento y que hay una necesidad latente porque disminuyan esos niveles de agresividad”, dice.

Crece y se extiende.  A  las 10:35 am los estudiantes deberían estar en clases, pero parece que decidieron no entrar. Algunos andan caminando por los amplios pasillos del Liceo Fermín Toro, y otros se carcajean a la entrada de la institución.

          Frente a la dirección del plantel, un graffiti de color morado firmado por “Anderson, 1ro. C”, dice: “Todos los profesores son unos sapos”. Semanas atrás caminó por allí el profesor Robert  Jerez. Una colega de él, (que prefirió no identificarse) asegura: “Lo que está escrito en ese graffiti, a veces lo dicen a todo pulmón.  Es lo más común y nadie hace nada”.

       Sin embargo, Raúl Noguera, Subdirector de la institución, considera que los niveles de violencia no son tan altos. “Cuando asumí el cargo, en febrero de 2011, hicimos un estudio, y nos dimos cuenta que los estudiantes hacían lo que les daba la gana. Insultaban a los profesores, los amenazaban y le decían groserías”.  Según él, eso ha cambiado. Explica que han debilitado las bandas que operan en la institución: “Sí hay violencia, pero antes era peor. Hasta ahora llevamos gestionado el cambio de 75 estudiantes que formaban parte de los grupos violentos”.  

     El directivo también admite que aún en el Liceo los profesores no saben cómo manejar la violencia, y reconoce que no sabe cómo ocurrió la golpiza que le dieron al profesor Jerez. “La verdad no sé cómo pasó eso, pero debe ser que como hemos debilitado las bandas, los que quedan sen han molestado. La agarraron con ese profesor, por ser el más pequeño”, dice. Agrega que siete estudiantes están en fiscalía por lo ocurrido.

     Lo que se vive en el Fermín Toro,  se repite en otros planteles. De hecho, un estudio sobre violencia escolar, realizado en 2009 por el Centro Gumilla, respalda las cifras de la Federación Venezolana de Maestros. El informe indicó que 63% de profesores de educación media y diversificada ha presenciado actos violentos en los centros educativos.    

         Juan Gil, profesor del Liceo Bolivariano Benito Juárez, ubicado en  la parroquia Caricuao, conoció el caso de Jerez a través de los medios de comunicación. Asegura que la violencia también es común en su salón de clases. “Los alumnos siempre andan con relajo y no le prestan atención al docente. Se ha perdido el respeto”, dice. A Gil no se le hace difícil recordar algunos incidentes que se han presentado en la institución: “La semana pasada, una joven a la que le pedí que se retirara del aula, me dijo que ella no se iba a salir del salón, que me callara y siguiera mi clase. Que ella ya está grande para que le digan lo que tiene que hacer. Hace tiempo un colega quedó con problemas auditivos, luego de que un estudiante estallara un `tumba ranchos` cerca de su oído, y enjabonara el piso para que se cayera”.

         Para Maritza López, docente del Liceo Venezuela, en Antímano, el caso del profesor Jerez hizo que se le prestara atención a la violencia en las instituciones educativas.  “Al fin fue noticia la violencia en los liceos. Es terrible y uno no sabe qué hacer. Hace un mes un estudiante me agarró las nalgas y salió corriendo. Fui a la dirección y me dijeron que iban a levantarle un acta”.

             En silencio y desprotegidos. El representante del gremio Orlando Alzuru indica que ese es el procedimiento que se puede seguir cuando un alumno le falte el respeto a un profesor: se debe levantar un acta y llevarla a la dirección del plantel. Si el caso es muy grave y afecta a la salud del educador, los directivos pueden llevar el caso a la Federación Venezolana de Maestros, donde le dan un respaldo gremial al afectado: se solicita ante el Ministerio de Educación el traslado del docente a otra institución, y  se le presta ayuda psicológica. “Ningún maestro puede producir educación de calidad mientras esté pendiente de que lo van a matar”.

            Sin embargo, uno de los aspectos que más preocupa a Alzuru es que muchos docentes prefieren guardar silencio ante las agresiones de sus alumnos. “Algunos se sienten mal porque es admitir que no saben manejar situaciones dentro del salón de clases, y como educadores deberían saberlo”, dice. El experto agrega: “El caso de Jerez es muestra de lo que significa esperar que el problema llegue a mayores para tomar cartas en el asunto”.

            La antigua Ley orgánica de Educación, derogada en 2007, tipificaba los procedimientos que se debían seguir en caso de que las faltas de los estudiantes fueran graves o leves. La ley actual sólo señala en las disposiciones finales, que los problemas disciplinarios dentro de las instituciones educativas deben ser resueltos por medidas alternas. Para el coordinador de Cecodap eso significa un vacío legal, lo cual conlleva a que la violencia quede impune. “No se especifica qué puede hacer el docente. No se sabe qué es eso de medidas alternas. Por ello, en los liceos no hay un único criterio en el manejo de la violencia: en unos liceos los suspenden, en otros los mandan a hacer carteleras o cosas por el estilo. Debe crearse una ley que sea más específica y le brinde mayor protección al docente”.

          Sin embargo, la abogada Ana Niño asegura que los docentes pueden valerse del Código Orgánico Procesal Penal  para denunciar las agresiones graves.  Cree que es cierto que el profesor está en desventaja, porque se ha considerado que el maestro puede materializar la violencia hacia el estudiante y no al contrario. “El adolescente, según la LOPNNA, tiene responsabilidad penal desde los 14 años”, apunta.

        Yulexis Cárdenas, estudiante de quinto año de un liceo de Caricuao, no sabe que si su profesor la denuncia puede ir presa. “He hecho cosas como lanzarle un cuaderno en la cara para que sepa que tiene que ser serio y que a mi no me va a estar raspando”. Se ríe cuando dice que en el liceo es común faltarle el respeto a los educadores: “Uno anda pendiente de pasarla bien y los profesores la cortan. Por eso es que uno le dice sus cosas en la cara. Yo estoy es clara que me la paso armando los bochinches en clases”. Sobre el caso de Jerez, dice: “Quien sabe, seguro andaba amargándole la vida a los chamos y por eso le pasó eso. Ellos como que creen que son papá de uno”.

         Violencia multicausal.  Pereira asegura que las instituciones educativas no están inmunes a la violencia que se vive en el país. “Los chamos no tienen referentes claros de que la violencia no es correcta. Van creciendo escuchando al presidente utilizar un lenguaje violento, a la oposición hablar de forma despectiva, utilizando video juegos que tienen una gran carga de violencia, viendo cómo los policías resuelven los conflictos con más agresividad, etc. No es que el chamo sea un loco con problemas neurológicos que lo hace agresivo, es que la sociedad no ayuda”, señala.

          El especialista asegura que muchas familias enseñan a los niños que la violencia es una forma de resolver conflictos.  “Muchas veces el docente llama al representante porque el chamo está siendo muy agresivo, pero cuando el representante va, queda evidencia  que la dinámica de violencia se da también en el hogar.”.

     Alzuru y Pereira coinciden en que los docentes tienen su cuota de responsabilidad. “Muchos de los que están egresando de las universidades son profesores frustrados, que tomaron la docencia porque no les alcanzó el promedio para estudiar otra carrera. Por ello están desmotivados. Les cuesta poner límites y se les hace difícil definir el respeto”, dice Pereira. 

      Alzuru agrega que también influye que desde varios años son pocos los liceos que cuentan con departamentos de orientación, y eso hace que el docente no tenga un apoyo especializado para tratar a quienes agreden.

    Pereira, además, señala que el docente muchas veces origina la violencia, por estar aferrado a métodos pedagógicos antiguos. “Hay profesores que aún trabajan pensando que ellos tienen la verdad absoluta. Hablan de la participación pero cuando el chamo da su visión, entonces le dicen que se calle, que las cosas no son así. Eso genera violencia”.

     El especialista dice que lo que ha permitido el incremento de la violencia en los liceos es la naturalización de esa forma de convivencia: “Uno va a los liceos y pregunta que si hay violencia y todo el mundo dice que no. Sin embargo, cuando uno comienza a conversar en los talleres, salen a relucir casos que en otro contexto se considerarían graves, y que ellos al principio no lo asociaron con violencia”.

       ¡No más violencia¡ Alzuru  asegura que lo que hace falta para que erradicar la violencia de los centros educativos es la implementación de políticas públicas, por parte del Ejecutivo nacional, que permitan dotar al docente de nuevas herramientas pedagógicas para prevenir situaciones violentas.

           Por su parte, la profesora Marifrancia Suniaga, quien también ha enfrentado situaciones de violencia escolar, dice que la solución es que el docente trabaje la violencia desde la paz. “Uno debe comprender al estudiante. Hay que entender que a veces la violencia no es su culpa. El docente puede permitir o disminuir la violencia. Además, si uno trata bien al muchacho, él lo tratará bien a uno”. 

            Este no fue el caso del profesor Jerez. Él asegura que trataba bien a los estudiantes e igualmente fue agredido. Sin embargo, dos meses después y aún de reposo, está comprometido con la formación de valores.

          Para Pereira, la solución radica en que las familias, los chamos y los docentes entiendan que tienen responsabilidad en las dinámicas de violencia. “Cuando todos los actores logran entender que uno afecta al otro con la violencia, es que se logran reducir esos niveles de agresividad.”, asegura.

IDENNA: La adopción es más sencilla de lo que se cree

Los solicitantes piden  niños con características muy específicas. En las instituciones que se encargan del proceso hay poco personal para tramitar todos los casos. Las listas de espera pueden hacerse interminables si no se llega a un consenso con los solicitantes.

Wilmer Cedeño

    Perla sonríe al ver la foto de sus dos hijos. Cuando se expresa de ellos, le cuesta encontrar las palabras. “Mira, este es mi gordo menor, y este de acá mi niño mayor”, dice. En su rostro se asoma una sonrisa que refleja alegría. Sus ojos irradian la ternura de una madre cuando observa a sus hijos. En la foto aparecen dos niños menores de tres años, cuya piel es oscura como la canela y en su rostro resaltan dos grandes ojos color ébano. Las diferencias entre los pequeños y la madre son más que evidentes, sobre todo por la blancura de la piel de Perla y el lacio de su cabello. Como Perla no pudo tener hijos de manera natural, decidió no darse por vencida en su deseo de ser madre y adoptó a los dos pequeños. “Yo quería una niña, pequeña, no mayor de cuatro años”, recuerda Perla. Sin embargo, cuando la llamaron por cuarta vez de la Fundación Amigos del Niño que Amerita Protección (FUNDANA) la esperaba alguien inimaginado. “Me presentaron a un bebé hermoso de diez meses”, dice Perla al tiempo que su voz se quiebra por recordar el momento. Lentamente, lleva una de sus manos al pecho. Cierra los ojos y al hacerlo  una lágrima emana de ellos y lentamente resbala por su mejilla. Con un gesto de disculpa limpia sus ojos y respira profundamente para continuar con su relato. “Cuando vi a ese bebé y leí su historia fue amor a primera vista. Cuando me vi reflejada en sus ojos supe que ese era mi hijo”, dice y una sonrisa se asoma ligeramente por sus labios.

    Perla tiene a sus niños desde hace dos años, y destaca que no pasó por grandes dificultades a la hora de adoptar. Actualmente existe una dicotomía cuando se considera si el proceso de adopción es difícil o no: quienes quieren adoptar, generalmente ven el proceso difícil, casi que imposible. Los que están directamente vinculados con el proceso de adopción, señalan que no es tan engorroso y que todo está en la mente del solicitante.

La adopción de un niño en Venezuela

    El proceso de adopción en Venezuela es coordinado por el Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos al Niño Niña y Adolescente (IDENNA), que cuenta con una oficina en cada estado del país. Todos los pasos que deben seguirse para adoptar están contemplados en la Ley Orgánica para la Protección del Niño Niña y Adolescente (LOPNNA).

   “El proceso de adopción está regido por un equipo multidisciplinario: un psicólogo, un médico, un abogado y un trabajador social. Este grupo está encargado de llevar a cabo dos grandes procesos: verificar si los niños son adoptables y determinar si los solicitantes están capacitados para adoptar, es decir, determinar si son idóneos”, explica Oly Burguera, abogado de la oficina de adopciones del IDENNA.

    “Una vez que son consignados los recaudos correspondientes se abre un expediente del o los solicitantes y se inicia el proceso de adopción”, dice Burguera. “Se les hace una serie de pruebas de carácter bio-psico-socio-legal para determinar su idoneidad y si resulta positivo pues se busca ya el emparentamiento, es decir, el acercamiento físico y emocional con un niño”, concluye.

    Según cifras del IDENNA, en el 2010 un total de 910 niños, niñas y adolescentes se les garantizó el derecho a vivir en familia.  En ese año, 1.179 familias fueron evaluadas para la adopción, en el Marco de la “Misión Niños y Niñas del Barrio”.

Niños a la carta: Dificultades a la hora de adoptar

    Milagros Martínez, trabajadora social de la oficina  de adopciones del IDENNA, afirma que el proceso de la adopción principalmente se hace difícil porque los futuros padres adoptivos solicitan al niño perfecto. “Siempre buscan un bebé con las mismas características: blanco, ojos azules, de meses y que en cierta forma se parezca a ellos. Buscan al bebé Gerber y eso no lo hay”, dice. Destaca que como la mayoría de los niños que están en las casas hogares son mayores de los seis años, los solicitantes no quieren adoptar y su proceso se alarga más de la cuenta. “Si buscaran a un niño, sin importar sexo, raza o edad, el proceso fuese rapidísimo”, afirma.

    José Gregorio Fernández, sociólogo y director general de la ONG Proadopción coincide con la visión de Martínez y añade que dificultades de la adopción radican en la mente del solicitante. “Fundamentalmente se dice que el proceso es difícil porque la gente desconoce como es el proceso en sí. Va a depender de lo que las personas consideren como difícil”, explica. Destaca que las personas acuden a las casas hogares en búsqueda del niño que tienen en mente: un niño ya idealizado que, por no poder tenerlo de manera natural, buscan en una casa hogar para rellenar el vacío. 

    Alba Rodríguez, psicólogo clínico, afirma que otro de los aspectos que frena a los futuros padres adoptivos es la opinión de las personas allegadas a ellos. “Por eso es que los buscan tan pequeños, porque les preocupa el que dirá la familia o los amigos y temen que les rechacen al niño”, explica. Otro factor que la psicólogo destaca es que muchos solicitantes se abstienen de adoptar cuando se enteran de los orígenes del niño. “Cuando se enteran de que es hijo de una prostituta o un drogadicto lo rechazan por temor a que salga enfermo”, asegura.

    Perla reconoce que quería una niña pequeña, pero que de igual forma era flexible a entrar en contacto con otro niño con el que se sintiera identificada. Afirma que la gente al considerar al proceso de adopción como una travesía interminable busca la forma fácil de hacerse con un niño. “A mi esposo y a mí nos ofrecieron los caminos verdes, pero no quisimos irnos por una vía que no fuese la legal”, explica.

    Como “caminos verdes” se define a la forma de tener un hijo sin atravesar por el proceso de adopción contemplado en la LOPNNA. “Se busca a una mujer que este embarazada y que no quiera o pueda tener a su hijo. Entonces se le paga el embarazo para que en el momento de dar a luz ceda al niño. Básicamente lo compran”, explica Fernández.

    El especialista asegura que el catalogar a la adopción como difícil sirve de excusa a aquellos que se fueron por los caminos verdes. “Dicen que adoptar es difícil para justificar que básicamente compraron un niño”, asegura.

    Según Martínez otra razón que hace de la adopción algo engorroso es que no todos los niños que viven en una casa hogar son adoptables. “Solo un pequeño porcentaje de los niños son adoptables. Los demás aun tienen familiares que por diversos motivos no pueden hacerse cargo de ellos”, explica. Además, el que muchas parejas quieran adoptar hace el proceso sea lento. “Tenemos muchas solicitudes y respetamos el orden en el cual se consignaron los documentos”, informa.

    Sin embargo, aun cuando los involucrados en el proceso afirman que las dificultades provienen del solicitante, hay quienes piensan lo contrario. “El proceso de adopción es algo para armarse de paciencia”, asegura Yeelimak Díaz, una mujer que decidió adoptar un niño por no poder concebir. “En mi caso yo no logré mi objetivo, no pude concretar mi adopción”, dice.

    Yeelimak dice que se inscribió en la Oficina Metropolitana de Adopciones y que fue evaluada por el equipo de profesionales. Se sometió a todas las pruebas y se le permitió el emparentamiento con el niño. “Luego de que fui evaluada y me dejaron estar con el niño no me permitieron adoptarlo, no logre mi objetivo” asegura. Reconoce que parte de esa dificultad a la hora de adoptar radica en que las personas deben someterse a las pruebas que indica el IDENNA en repetidas ocasiones. “Es posible que la ansiedad de querer ser padres hace que uno vea el procedimiento difícil y largo”, dice.

El proyecto de adopción: No existe el bebé Gerber

    Martínez y Bustera informan que al momento de consignar los recaudos para la adopción los solicitantes deben incluir un proyecto de adopción. “Se les pide que expliquen en ese proyecto qué esperan con esa adopción y que detallen que esperan de su futuro hijo y de qué pueden hacerse cargo”.

    Las expertas señalan que es en ese informe donde describen a su hijo con las características del bebé Gerber. Entonces, lo que se procede a hacer es desmontar esa mentalidad que tienen los solicitantes de adoptar al bebé perfecto. “Se les sensibiliza para que entiendan que eso no lo hay en los hogares de adopción, que la realidad es otra: la mayoría de los niños que hay son mayores de seis años y de piel oscura”.

    El proyecto de adopción sirve para sensibilizar a los solicitantes, para hacerlos flexibles a la hora de conocer a los niños. “Acá lo que buscamos es reguardar al niño y hacer cumplir su derecho de vivir en familia, no se satisfacer las necesidades del solicitante de ser padre”, afirma Martínez.

    Fernández por su parte dice que es importante la sensibilización del solicitante. “Hay que entender que a la hora de adoptar la dificultad no la tienen los adultos, sino el niño. El adulto sólo tiene que esperar, el lleva una vida normal. Pero el niño no, él es quien sufre, el que cuando se levanta asustado en la madrugada no tiene quien lo reconforte. Él puede morirse el tristeza por estar solo en una casa hogar”, asevera. El sociólogo a su vez llama a la reflexión cuando dice que hay que reconsiderar si adoptar es difícil cuando se le compara con procedimientos como la inseminación in vitro.

    Yeelimak y Perla concuerdan que el proceso sería más rápido si se contara con más personal en las oficinas de adopción. “Hace falta profesionales en el área porque son muchos casos que deben atender y no hay suficiente personal para agilizar el proceso”, dice Yeelimak. “El estado no pide padres perfectos, solo piden que les brindes a los niños un hogar, protección y amor. Pero así como no pide padres perfectos, no hay niños perfectos”, asegura Perla.

    Rodríguez llama a la reflexión cuando define a la adopción como un engranaje: “Hay que tener en cuenta que hay padres que pudieron procrear pero no pueden criar, y padres que no pudieron procrear pero que pueden criar”, asegura.

    Perla, aun cuando está feliz con sus dos hijos, dice que espera que pronto el proceso de adopción termine. “Esperamos que nos asignen a un nuevo juez que termine con nuestro caso. Mientras tanto vivo feliz con mi esposo y mis dos niños” asegura al tiempo que sonríe y guarda la foto de sus hijos.

Requisitos para adoptar un niño:

ü Venezolanos mayores de 25 años de edad en forma individual(solicitante sólo)

ü Venezolanos mayores de 25 años de edad en forma conjunta (solicitante en pareja).

ü Dos fotografías de frente

ü Copia de la Cédula de Identidad

ü Acta de Nacimiento

ü Acta de Matrimonio o prueba auténtica del estado civil

ü Constancia de Residencia

ü Constancia de Buena Conducta

ü Constancia de Trabajo

ü Dos referencias personales, con identificación plena de sus otorgantes (no familiares).

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